Cuando
el hombre cayó en pecado y escogió hacer de sí mismo el centro de su
vida en lugar de Dios, el resultado fue
la pérdida de comunión no solo con su Hacedor,
sino también con sus semejantes.
La historia de la primera discordia entre el hombre y Dios
narrada en Génesis capítulo tres,
es seguida estrechamente por el primer disgusto con su prójimo, al ser asesinado Abel por Caín, Génesis capítulo cuatro.
La caída del hombre quiere
decir sencillamente: “cada cual se
apartó por su camino...”, Isaías 53: 6.
Si quiero hacer mi propia voluntad en lugar de la de Dios, es obvio que también desearé hacer mi
voluntad en lugar de la de otros.
Ningún hombre se independiza de Dios para rendirse a otro a otro
hombre. Un mundo en el que cada uno
desea hacer su propia voluntad, no puede
ser menos que un mundo lleno de tensiones,
barreras, sospechas, malas interpretaciones, disgustos y conflictos.
La obra de nuestro Señor
Jesucristo en la cruz se efectuó no solo para poner al hombre en comunión con
Dios, sino también con su prójimo. Es imposible hacer la primera obra sin hacer
la segunda. Así como los rayos de una
rueda se acercan el uno al otro al juntarse en el eje, así de vital es que los creyentes tengamos
comunión unos con otros. En su
defecto, lo contrario probará que no
tenemos comunión con Dios.
La primera carta del apóstol
Juan capítulos 2:9 / 3:14, 15 y 4:20
insiste en probar la profundidad y realidad de nuestra comunión con
Dios, en la profundidad y realidad de la
comunión de nuestro hermano. Un
avivamiento proyecta una nueva luz sobre estos pasajes. Algunos de nosotros hemos llegado a ver cuan
relacionados están el trato del hombre con su prójimo y su relación con Dios.
Todo
lo que constituya una barrera entre nosotros y nuestro prójimo, por insignificante que parezca, viene a ser una barrera entre nosotros y
Dios. Sino derribamos dicha barrera
inmediatamente, ésta se fortificará
llegando a ser un verdadero muro entre nosotros y Dios, y por consiguiente entre nosotros y nuestro
hermano. Nuestra nueva vida tendrá que
manifestarse por una vida de perfecta comunión entre nosotros y Dios y entre
nosotros y nuestro hermano.
La
palabra griega "koinonía" es la palabra que se refiere a la "comunión"
profunda que los primeros cirstianos tenían juntos.
1)
Es algo que anhelan muchos cristianos
hoy, y es realmente la esencia de la "vida eclesiástica" en la
Biblia.
2)
Pero la iglesia moderna parece haberlo
perdido.
a. Tenemos
un "servicio" o una reunión hoy, donde todos vienen y se sientan en
filas mirando adelante, cantan unos coros y escuchan la prédica, después dicen
"Dios te bendiga" a algunas personas y van a casa.
b. Un
buen número de células y reuniones en casa hoy es más como un "culto en
miniatura", donde unos pocos hacen todo el "ministerio" y el
resto está sentado y mira.
c. Esto
tiene muy poco de comunión profunda ¿verdad?.
3)
Tenemos que darnos cuenta de que
"koinonía" estaba en el centro del estilo de vida de la iglesia
temprana.
a. La
vida de las reuniones giraba en torno a la Comunión de los santos, de los unos con los otros dentro de la misma
reunión.
b. La organización de las reuniones no era
programada sino espontánea, según cada
uno traía algo para aportar a la edificación de la Iglesia.
c. ¿Qué
hay, pues, hermanos?
Cuando os reunís, “cada uno de
vosotros tiene” salmo, doctrina,
tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para la edificación. (1ª Corintios 14: 26)
4)
Podemos tener una "reunión",
pero si no tenemos comunión, realmente
no tenemos nada.
a. Cuando
tenemos una reunión en algún lugar con nuestros hermanos, si compartimos abiertamente entre todos intercambiando nuestras conversaciones, cantos, oraciones, etc. Estamos en la
verdadera libertad de la comunión.
b. Si
en cambio nuestra reunión se trasforma en una actividad donde se debe adoptar
cierta postura, tomando ciertas actitudes y donde la mayoría está limitado por
los que dirigen la reunión, entonces
hemos perdido el verdadero sentido de la comunión en libertad.
c. Si
nos reunimos en una casa para celebrar con unas diez personas, mientras el líder está presente todos ellos
tratarán de participar lo mas correctamente posible, aún sus preguntas las retienen por bastante
tiempo hasta estar seguros de que la
pregunta estará bien; también pensarán
bastante antes de responder a algo, su
comportamiento está restringido por la presencia del líder, pero cuando se va de la reunión, todos se
relajan y comparten libremente, ¿por qué...?
d. Por
otra parte, cuando en una reunión en
casa llega el momento de compartir una palabra se adopta una actitud bastante
circunspecta, y un ambiente algo místico
comienza a gestarse alrededor de los participantes y la libertad para el
crecimiento y desarrollo natural de la Iglesia es cautivo por un potente
paradigma de nuestro tiempos, el
Paradigma Teológico o “Racionalismo Teológico”.
Es allí donde todo cambia, lo que hace unos minutos parecía una gran
oportunidad para aquellos que nunca son
considerados se convierte en un torturante momento donde ni siquiera los niños
se pueden acercar, porque interrumpen.
e. Hago
una pregunta, si el Maestro estuviera en
una de estas reuniones ¿cómo lo haría él...?,
¿interrumpirían los niños...?
"Koinonía"
depende de una cosa sobre todo.
1)
Depende de un grupo de personas unidas
que son realmente personas "lavadas en la sangre" y "llenos del
Espíritu".
2)
Es esta clase de comunión profunda y
gozo y unidad involucra una "conexión de corazón" a un nivel
realmente espiritual - de manera que el Espíritu Santo pueda realmente fluir.
Pero
la "koinonía" de la iglesia temprana involucraba otras cosas más.
a)
Por ejemplo, es claro que en sus reuniones
"de casa en casa" ellos se reunían alrededor de una COMIDA, y también
alrededor de la CENA DEL SEÑOR.
b)
Los primeros cristianos participaban en
la comunión CADA DÍA en sus casas - ¿tan importante fue para ellos.?
c)
Ahora, ¿es necesario que Ud. sea una
"persona especial" o un anciano para decir la bendición sobre la
Santa Cena y partir el pan con otros creyentes en su casa? –
-
De ninguna manera. TODOS somos el
"real sacerdocio".
-
TODOS deberíamos hacer estas cosas.
-
Debemos darnos cuenta de cuán importante
es partir el pan juntos con nuestras familias, nuestros grupos de oración,
nuestras reuniones en casa, etc.
Creo
que no volveremos nunca a una verdadera "koinonía" sin hacer “estas cosas”
